Estudio_sobre_fragilidad_social_y_riesgo_de_fallecimiento
03/11/2026

Un estudio internacional realizado en personas mayores de Colombia, con participación del ISCIII, ha demostrado que el deterioro de los vínculos y roles sociales aumenta el riesgo de fallecimiento, independientemente de la existencia de posibles enfermedades crónicas o de la avanzada edad de las personas. Los resultados de la investigación aparecen en dos artículos científicos, uno publicado este año en la revista BMC Geriatrics y otro publicado el año pasado en la revista Annals of Geriatric Medicine and Research.
Las autoras, entre las que se encuentran Maria João Forjaz y Carmen Rodríguez-Blázquez, del Centro Nacional de Epidemiología (CNE-ISCIII), ponen el ejemplo de dos personas de 70 años, ambas con hipertensión y diabetes y residentes en el mismo barrio: "Una de ellas participa en un grupo comunitario, se siente respaldada por su familia y percibe que su salud está bien atendida. La segunda se ha ido retirando poco a poco de la vida social: apenas sale, siente que nadie la escucha, y hace meses que dejó de hacer las cosas que antes hacía sola. ¿Cuál de las dos tiene más riesgo de morir en los próximos años? La respuesta apunta a la segunda, no necesariamente por sus enfermedades, sino por algo que no siempre se tiene en cuenta: la fragilidad social".
La fragilidad social no es lo mismo que estar solo o no tener recursos. Es un concepto específico que describe el deterioro progresivo en los recursos, los roles y la participación social de una persona mayor. Quien la padece no solo carece de redes de apoyo: ha perdido su lugar activo en el mundo social, su capacidad de pedir ayuda, su sentido de pertenencia. Es una forma de vulnerabilidad que existe en paralelo a la fragilidad física, y que hasta ahora era casi invisible en territorios América Latina.
Un equipo internacional con liderazgo de Hernán-David García-Botina, desde la Escuela Internacional de Doctorado IMIENS de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) en Madrid, y en colaboración con Carmen-Lucia Curcio (Universidad de Caldas, Colombia), Amaia Calderón-Larrañaga (Instituto Karolinska, Suecia) y las citadas investigadoras del ISCIII en el Centro Nacional de Epidemiología, ha desarrollado este estudio partiendo de los datos de la Encuesta Nacional de Salud, Bienestar y Envejecimiento (SABE Colombia, 2015).
La investigación se realizó en el marco de una estancia predoctoral de la Escuela Internacional de Doctorado del Instituto Mixto IMIENS (UNED-ISCIII), con financiación del ISCIII y colaboración de la Red RICAPPS y el proyecto ENCAGES-CM. El estudio restringió el análisis a 3.213 adultos mayores de 60 años residentes en los departamentos de Antioquia, Caldas, Risaralda y Quindío, los que mayor proporción de población envejecida tienen en el país.
Los datos de la mortalidad se evaluaron entre 6 y 8 años después de la evaluación inicial en los registros administrativos oficiales del sistema de seguridad social colombiano. En un trabajo previo se construyó un índice de fragilidad social que incluye nueve dimensiones: dependencia funcional, participación comunitaria, voluntariado, apoyo emocional percibido, soledad, salud autopercibida, entre otras.
Los resultados son claros: las personas clasificadas como socialmente frágiles tuvieron un 18% más de riesgo de morir durante el seguimiento, incluso después de restar el efecto de la edad, el sexo, las enfermedades crónicas y el nivel socioeconómico. Este hallazgo significa que la fragilidad social actúa por sus propios mecanismos probablemente a través del aislamiento prolongado, la falta de acceso oportuno a la atención médica y el desgaste acumulado que conlleva vivir sin apoyos reales y es una entidad diferente a la fragilidad física.
Las implicaciones van más allá de países como Colombia, explican las autoras: "En un mundo donde la población envejece rápido y los sistemas de protección social siguen siendo frágiles, este estudio pone sobre la mesa una pregunta que los equipos de salud deberían hacerse más seguido: ¿estamos midiendo solo lo físico? Incorporar una evaluación de fragilidad social de manera rutinaria podría permitir identificar a las personas con mayor riesgo antes de que sea demasiado tarde y diseñar intervenciones que, por una vez, se ocupen también de la dimensión humana del envejecimiento".
Referencias de los artículos:
• García-Botina HD, Curcio CL, Calderón-Larrañaga A, Rodríguez-Blázquez C, Forjaz MJ. Social frailty as a predictor of mortality among older adults in four Colombian departments: evidence from the SABE survey. BMC Geriatr. 2026 Jun 11;26(1):1065. doi: 10.1186/s12877-026-07731-0.
• García-Botina HD, Sierra-Hincapié GM. Social Frailty in Older Adults: Proposal and Application of an Original Measurement Index. Ann Geriatr Med Res. 2025 Dec;29(4):459-467. doi: 10.4235/agmr.25.0095.
• La fragilidad social: el peso de lo invisible y lo que se esconde tras la ventana. García Botina, Hernán David. Seminarios Centro Nacional de Epidemiología. 2025. https://repisalud.isciii.es/entities/publication/37014acd-e896-4708-809c-22c41880fdf8.
Noticias relacionadas:






